Supe al instante cuales eran tus intenciones con a penas escuchar el tono de tu voz, pero no podía complacerte! después de todo el daño no podía rendirme así a tus pies! como asegurabas lo haría.
Me llené de valor, respiré profundo y sin mirarte a los ojos a penas pude rechazarte y pronunciar un adiós que aunque me quemaba por dentro, me hacía sentir valiente al poder por primera vez decirte que no.
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