"Entonces él se inclina sobre mí y rodamos enlazados al hueco del lecho. Su cuerpo me cubre
como una ola hirviente, me acaricia, me quema, me penetra, me envuelve, me arrastra desfallecida.
A mi garganta sube algo así como un sollozo, y no sé por qué empiezo a quejarme, y no sé por qué
me es dulce quejarme, y dulce a mi cuerpo el cansancio infligido por la preciosa carga
que pesa entre mis muslos"
La última niebla- María Luisa Bombal
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